Un año más llega la época del año “más bonita” y con ella me dispongo a soportar otra vez la falsedad que existe en nuestra sociedad. No entiendo -la verdad- qué es lo que le ven a esta fiesta basada en el consumismo y fariseísmo. Me repugna.
Toda celebración y opinión respecto a cualquier cosa es totalmente respetable, pero no por ello voy a dejar de expresar lo que yo siento cuando se avecina estos meses. De la misma forma que respeto a las personas de mi entorno que deciden ser partícipes de la época navideña, pido que se respete mi opinión. Al fin y al cabo, y como saben las personas que leen este blog desde sus inicios, este es un lugar que he creado con la intención de tener un hueco en el que absolutamente nadie pueda censurarme, al mismo tiempo que es una ventana para expresar lo que siento al mundo -tristemente Internet se ha convertido en una herramienta más poderosa para hacerte escuchar.
Se supone que Navidad es una fecha en la cual debe predominar el amor al prójimo, compartir momentos con tu familia y hacer regalos a cualquier persona poniéndoselos debajo de un árbol disfrazado con luces y objetos que abarcan un amplio abanico -desde el más bonito hasta el más ordinario, pasando cómo no por el más ridículo-. ¿Y por qué hay que esperar a que llegue un mes del calendario para hacer todas estas cosas? ¿Por qué no puedes hacerlo simplemente cuando te dé la real gana y te salga de corazón? Al parecer, sale más rentable seguir los efímeros y repugnantes valores que más predominan en la comunidad. Mientras hay conflictos en países, mueren miles de personas y hay peleas constantes, estamos en una fecha paralela en la que vivimos en la utopía de que el mundo es perfecto, cuando una parte de nosotros sabe que no es así. Evadirnos de la realidad anualmente no sirve de nada.
Cuando surge el tema de que no me gustan estas fechas y que no la celebro, normalmente la impresión que doy es de bicho raro, aburrido, carente de valores, etc. Y todo porque no hago lo que todos hacen, lo que me resulta verdaderamente patético. No creo, con sinceridad, que solo haya que ser buenos con las personas solo en este periodo. Me resulta triste ver cómo desde diversos sectores hay personas que con tal de crearse una buena reputación, imagen y campaña de marketing organizan actos como ir a hospitales a visitar a los enfermos, regalar juguetes a niños, hacer campañas de recogida de alimentos, etc. ¿Y qué pasa el resto de las fechas? ¿Desaparecen todas esas personas que necesitan ayuda? ¿Por qué solo se les hace caso en Navidad? ¿Es que solo lo pasan mal en esta fecha?
Admiro profundamente a todas las personas que hacen lo citado desde el corazón, no impulsados por intereses personales. Pero indagando por mi cuenta y también analizando experiencias, me di cuenta (tal vez no había meditado en esto lo suficiente y sirvió para abrirme los ojos) de que no solo el marketing existe y que hay personas como ella que buscan cualquier método en con independencia de la fecha en la que estemos con tal de poder auxiliar a los demás de forma desinteresada. Esas personas -sean o no famosas- son las que para mí valen la pena.
En lo que respecta al tema de hablar con la familia, seré sincero: si quiero a mi familia es algo que demuestro todos los días y cuando me apetece; no cuando me lo dicta el Sistema; ese hecho, implica que me guste pasar tiempo con ella.
¿Tener que cenar con mi familia o simplemente quedar por ser Navidad? No, gracias. Prefiero disfrutar de su compañía cuando me apetece y no solo cuando las costumbres de la sociedad me lo impongan. El hecho de hacer regalos es lo mismo. Cuando le hago un obsequio a alguien es porque me apetece y quiero, no tiene por qué ser el día de su cumpleaños o Navidad. Puede ser porque simplemente veo algo que me recuerda a alguien o que me gustaría regalárselo. No voy a comprar cosas para guardar en el armario y sacar en diciembre y enero. No obstante, esta fecha es idónea para toda empresa, que ha logrado que el consumismo se convierta en la religión de muchos, cuando lo que realmente tiene valor son aquellas cosas que no tienen precio ni pueden comprarse. ¿Quieres demostrarle lo mucho que quieres a las personas de tu entorno comprándoles cosas? Como dirían The Beatles, money can’t buy me love.-
A través de cientos de citas inspiracionales, campañas emocionales de reencuentros, perdones y solidaridad (falsa), consumismo frenético envuelto en papel de regalo, spam navideño con mensajes predeterminados, tarjetas de regalo, buenas intenciones que nacen y mueren en varios días, listas de grandes propósitos que se quedan en listas perspicaces que realizamos un día que estábamos motivados. Películas taquilleras, tweets oportunistas y felicitaciones de personas que contactan contigo el 24 de diciembre, Whatsapps de mensajes “copiar + pegar” de otra gente que ni conoces o abrazos de compañeros de trabajo con los que no has intercambiado ni una palabra en todo el año. A través de todo esto, el mensaje sincero se diluye entre el cliché de “feliz navidad” o “felices fiestas”. La intención aquí es realmente empujarte a pensar más allá de la trampa de la Navidad.
- Creo que no recibirás ninguna felicitación por mi parte.
- Tampoco un email con una foto del equipo haciendo algo gracioso.
- Dudo que me disfrace de Papa Noel para hacer un playback del “Jingle Bells”.
- No responderé ningún Whatsapp, i-message o tweet navideño.
- Obviaré cualquier tendencia compulsiva relacionada con estas fechas.
La razón es simple, esto no nos hace mejores personas, ni a ti ni a mi. No redime nuestros pecados, no nos hace más comprometidos, ni humanos. Definitivamente no. Esto ejerce justamente el efecto contrario, el último email que quieres recibir es el mío, mi tweet no va a cambiar nada en tus días con tu familia y quizás, mi playback arranque alguna sonrisa, pero eso lo consigue igual cuando no son navidades. Si escarbas profundamente encontrarás el verdadero significado de lo que ocurre en estas alegres – y no felices – fiestas.
Quizás puedas ser alegre por ti mismo, quizás, pero no completamente. Seguro, puedes estar contento, feliz, posiblemente incluso delirante. Sin embargo, la alegría requiere un grupo, y ese grupo es casi siempre un grupo que puedes ver y tocar, uno que comparte las mismas moléculas de aire, cara a cara, no tweet a tweet, no regalo a regalo, no compra a compra, no manipulación a manipulación. La economía digital continúa envolviéndolo todo con más fuerza que nunca, es más extensa y más importante, pero no ha progresado en absoluto aumentando la alegría entre nosotros, nuestros amigos, familias y comunidades. Esto depende de nosotros.
Yo tengo claro lo que pienso y, otro año más, NO fingiré ante los demás que esta celebración es bonita. Siempre pensaré que se basa en la hipocresía más grande del ser humano. Y ahora, mientras muchos se acuerdan de que hay que ser solidarios con los demás, querer a sus familias y demostrarlo con objetos; hay gente que en cualquier fecha del año muere, carece de recursos y que se matan por cuestiones tan absurdas como por su equipo deportivo preferido. ¡Ah, se me olvidaba, feliz navidad! (Espero que el sarcasmo se entienda).